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DEMANDA ACUSA A FORTNITE Y ROBLOX DE PROVOCAR CAMBIOS ESTRUCTURALES EN EL CEREBRO DE UN MENOR

DEMANDA ACUSA A FORTNITE Y ROBLOX DE PROVOCAR CAMBIOS ESTRUCTURALES EN EL CEREBRO DE UN MENOR

Fortnite y Roblox han sido señalados en una nueva demanda, en la que una madre del estado de Luisiana acusa de haber contribuido al desarrollo de un trastorno de adicción al juego en línea en su hija. La acción legal fue interpuesta el 30 de diciembre ante el Tribunal de Distrito del Norte de California.

Fortnite y Roblox han sido señalados en una nueva demanda, en la que una madre del estado de Luisiana acusa de haber contribuido al desarrollo de un trastorno de adicción al juego en línea en su hija.

La acción legal fue interpuesta el 30 de diciembre ante el Tribunal de Distrito del Norte de California.

La demandante, identificada como Descheca Jackson, sostiene que su hija comenzó a jugar videojuegos en línea a una edad temprana y, tras años de exposición continua a títulos como Fortnite y Roblox, desarrolló síntomas compatibles con el llamado internet gaming disorder (IGD).

Entre los efectos señalados en la demanda se incluyen pérdida de control de impulsos, ansiedad, irritabilidad, aislamiento social, síntomas de abstinencia, dificultades para abandonar el juego y un deterioro progresivo de su rendimiento académico, que culminó en la expulsión escolar.

El documento legal describe el IGD como un patrón de conducta en el que el juego interfiere de manera grave con la vida cotidiana, afectando estudios, relaciones personales y bienestar emocional.

La demanda cita investigaciones recientes que apuntan a que este trastorno afecta a aproximadamente uno de cada diez adolescentes varones, y que plataformas como Roblox o juegos con fuerte componente online y social suelen aparecer de forma recurrente en estos casos.

Uno de los ejes centrales de la acusación es que los sistemas de diseño de estos juegos estarían pensados para explotar los circuitos de recompensa del cerebro en desarrollo.

Jackson argumenta que mecánicas como monedas virtuales, bucles de progresión, recompensas constantes, eventos temporales y presión social dentro del juego fomentan comportamientos compulsivos, especialmente en menores.

Apoyándose en estudios de neuroimagen relacionados con el IGD, la demanda afirma que el cerebro de MA habría experimentado alteraciones estructurales en la corteza prefrontal, zona clave para la toma de decisiones, el control emocional y la regulación de recompensas.

Aunque el texto reconoce que tanto la madre como su hija eran conscientes, de forma general, de que el uso excesivo de videojuegos puede tener consecuencias negativas, la demanda sostiene que una menor no tiene la capacidad legal ni cognitiva para aceptar términos y condiciones diseñados por corporaciones multimillonarias.

En ese sentido, se argumenta que los contratos digitales aceptados mediante clics son inválidos, abusivos y legalmente impugnables, ya que el producto estaría diseñado para maximizar el tiempo de uso y la dependencia.

La acción legal acusa a las empresas demandadas de negligencia, defectos de diseño, falta de advertencias adecuadas y fraude, y solicita daños compensatorios y punitivos, así como medidas cautelares que limiten o modifiquen este tipo de prácticas.

El caso reaviva un debate cada vez más intenso sobre la responsabilidad de las grandes compañías del entretenimiento interactivo en el impacto psicológico y neurológico de sus productos, especialmente cuando su público incluye a millones de menores.

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